Me he hecho mayor

¿Te has preguntado alguna vez cuando uno realmente se da cuenta de que ya es una persona mayor? Pues no es ni cuando cumples los 18, ni los 30, ni los 40. Tampoco es cuando te casas, o te salen canas, arrugas o pierdes pelo. Una persona es al 100% consciente de que es mayor la primera vez que alguien te pregunta algo… llamándote de usted.

reloj

En mi caso fue un crío. Un maldito crío de unos 10 años quien con una educación exquisita me paró por la calle para pedirme la hora llamándome de usted. Al mirar el reloj me di cuenta de que el minutero había avanzado varias décadas de golpe. Y ese golpe fue bastante duro, sobre todo por lo inesperado. Inesperado por encontrarme con uno de los pocos niños educados que aún quedan. Y, sobre todo, porque descubrí que ya no era ningún joven.


Luego llega el momento de la reflexión.  Me di cuenta de que había sido un ingenuo. Un ciego que no se percató antes de la realidad porque llevaba puesta una venda en los ojos con la que me sentía muy cómodo. Porque cómo no había podido ver que cuando hago deporte son contadas las ocasiones en la que no me retiro lesionado…O cómo cuando me acuesto alguna vez de madrugada tardo varios días en volver a ser yo mismo. Todo encajaba. Ya me había hecho mayor.

La braga roja de mi vecina

El “día a día” el es mejor guionista de anécdotas que conozco. Odia el color gris de la rutina. Siempre te sorprende cuando menos te lo esperas. Una fuente inagotable de ideas que no para de crear nuevas situaciones, algunas de ellas, sonrojantes para sus protagonistas.

braga roja

Cuando llego a mi casa después del trabajo no suele haber nadie. Aprovecho esa soledad para regalarme cinco minutos de relax sentado en mi sofá. Cinco minutos que me sirven para recargar pilas y organizar lo que llevo de día. Cinco minutos sagrados. Cinco minutos mágicos en los que desconecto por completo del mundo… y que se rompieron cuando sonó el timbre de mi casa.

Joder, quién será… si no espero a nadie”-  suspiré para mis adentros mientras tomaba la decisión hacerme el remolón y no abrir hasta que volvieran a llamar. Esa segunda llamada no tardó en repetirse, por lo que no tuve más remedio que ir a ver quién era. Eché un vistazo por la mirilla para ver si identificaba al personaje, pero ese minicatalejo está inventado por un tuerto, porque distorsiona las vistas y resulta imposible reconocer a nadie. En fin, que me tocó tirar de cuerdas vocales:

Soy un vecino rancio


Me autodefino con orgullo de ser un vecino rancio. Si puedo, evito contacto con la gente de mi urbanización. Con todos ellos. Sin excepciones. Y no digo yo no que no paguen con puntualidad la cuota de comunidad, o que no vayan a misa, o que no sean buenos tipos muy amigos de sus amigos. Lo reconozco, el problema soy yo.

Para un vecino solitario como yo, la peor noticia que te puedes encontrar es la notificación que te meten en el buzón avisando de una nueva reunión de la comunidad. Aunque son dos al año, uno tiene la sensación de que son más. Muchísimas más. Nada más comprarme el piso en el que vivo cometí un error imperdonable, ya que decidí asistir a una de ellas. Admito que más que picarme la curiosidad, fui porque se nombraban los nuevos cargos de la Comunidad. Y como no me fio ni un pelo, preferí evitar la novatada de que me eligieran por unanimidad como presidente.
reunion de vecinos
Mis reuniones de comunidad se celebran en el garaje. Entre coches y motos se toman decisiones vitales para la convivencia. Lo primero que saqué en claro es que lo realmente importante no es lo que dices, sino el tono con el que lo dices. Pues sí, un vecino se quejó con la misma voz y tono de Andrés Iniesta de que había personas que estaban rompiendo el mobiliario de la urbanización jugando al fútbol.  El respetable respondió con silencio. Pero otro vecino se ganó de calle a los asistentes cuando se quejó con el mismo tono de voz que Iñaki Gabilondo de la ausencia de la pegatina con la fecha de la revisión del ascensor. En fin…

La suerte de no saber qué es un ERE


Lo admito, hace cinco años no tenía ni idea de qué significaba las siglas ERE. Bendita y añorada  ignorancia... Sin embargo, ahora sé muy bien lo que es ya que los he vivido como trabajador, como familiar, como amigo y también como representante de los trabajadores. 

Viñeta de qué es un ERE
http://pasaramejorvida.blogspot.com.es/2009/04/sobrevivir-un-ere.html
Para qué engañarnos, si estás leyendo este post no es buena señal. Lo normal es que hayas accedido a través de alguna búsqueda en  Google. Y seguramente motivado porque estás viviendo y sintiendo en primera persona lo que es un ERE.

Todos sabemos más o menos lo que es un Expediente de Regulación de Empleo. Aunque mi intención no es definirlo como jurista, sino como persona. No soy nadie para dar consejos, aunque sí que me gustaría advertir sobre lo que se crea alrededor de las negociaciones entre los trabajadores y la empresa:

Rivalidad. Es muy duro saber que tu puesto de trabajo te lo vas a jugar con el compañero que tienes al lado. Sí, el mismo con el que te tomas el café todas las mañanas mientras te metes con tu jefe o con el que vas a jugar al pádel los sábados por la mañana. Un consejo, seguid metiéndoos con vuestro jefe y no dejéis de jugar al pádel.
Amistad. En las situaciones laborales más duras descubres qué compañeros se han convertido en amigos y cuáles no. Te sentirás respaldado por más compañeros de los que piensas, aunque también te llevarás alguna que otra decepción. La clave es apoyarse en quienes te apoyan.
Teatro. ¿Te imaginas que la empresa y el Comité de Empresa llegara a un acuerdo el primer día de la negociación? Por mi experiencia creo que sería posible reducir los tiempos, aunque la fase de regateo entre cuántos se van y cuántos se salvan no deja de ser una especia de obra de teatro en donde las personas que se sientan en la mesa de negociación se convierten en actores que interpretan lo mejor que pueden su papel. Es lo que se llama "liturgia de la negociación".
Angustias. El miedo a perder tu puesto de trabajo es el miedo a no poder afrontar los gastos que tienes. Piensas en tus hijos, en la hipoteca, en tus padres y se te viene el mundo encima. Es normal, lo raro sería no pensarlo.
Rumores. Los pasillos hacen más daño que la realidad. El ambiente se llena de chascarrillos muy dolorosos sin fundamentos. Evítalos y no los hagas caso. Y en caso de duda, pregunta a tus representantes.
Verdades y mentiras. Normalmente un ERE no suele ser el capricho de la empresa. Es una consecuencia de mala situación económica. La crisis hace estragos y nadie quiere seguir perdiendo dinero. Aunque claro, el español es pícaro por naturaleza y para obtener beneficio suele exagerarlo todo, cayendo en mentiras difícilmente justificables y creíbles.
Hipocresía. El primer hipócrita en un ERE suele ser uno mismo cuando piensa que más pierde la empresa si te despiden. El típico “ojalá sea yo uno de los afectados” lo suelen decir los que más miedo tienen a ser uno de ellos. Yo también lo he pensado alguna vez, aunque cuando lo analizas con frialdad te das cuenta de que no es la mejor forma de afrontar el ERE.
- La familia. El entorno familiar no entiende de regulaciones. Siempre tienen la palabra de ánimo que necesitas en el momento en el que más necesaria es escucharla. Entienden cómo te sientes porque te conocen a la perfección. No te cierres y permite que te apoyen. Seguro que tú harías o has hecho lo mismo.
Lágrimas. Despedirte de tus compañeros es muy duro. Da igual si eres tú el que te vas o si es el que se sienta a tu lado. Toda la tensión que has vivido la expulsas con el primer abrazo de despedida. Incluso te sientes culpable pensando en que quizá él haya hecho más méritos para continuar que tú. No te castigues, tú no eres el culpable.